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Acoso cibernético: Crueldad en línea

Por Marian Merritt | 28.03.07
Con los teléfonos celulares, los equipos, el correo electrónico e Internet, nuestros hijos poseen más ventajas de comunicación que las que tuvimos nosotros. La mayoría de las veces, usan esas ventajas con sensatez, por ejemplo, para mantenernos informados sobre dónde están, hacer amigos, tareas académicas, etc. Pero, a veces, las utilizan con propósitos que no son de nuestro agrado.
¿Escuchó alguna vez sobre el acoso cibernético?
El acoso cibernético es básicamente el equivalente electrónico a la burla, la humillación y el acoso escolar. Normalmente ocurre entre preadolescentes y adolescentes, ya sea en Internet o a través de teléfonos celulares, a menudo, de forma anónima.

El acoso cibernético, por lo general, se realiza mediante mensajes de texto de teléfonos celulares, correo electrónico, mensajería instantánea, blog de redes sociales o páginas web. El acoso puede producirse de diferentes formas, desde difundir rumores falsos y publicar fotografías humillantes de otras personas hasta enviar mensajes ofensivos, acosar de forma reiterada (a veces sexual), acechar, amenazar y hasta extorsionar.

Por cierto, esto no es simplemente una reacción exagerada de las charlas inofensivas de niños. El hijo de un amigo mío fue humillado de tal manera mediante correo electrónico y mensajería instantánea por sus compañeros de quinto grado que sus padres tuvieron que solicitar ayuda a los maestros y al personal docente. Los padres tuvieron que cambiar de escuela a su hijo para poder "comenzar de cero". El acoso cibernético puede tener consecuencias más graves. En 2003, un chico de Vermont se suicidó al sentirse acosado. La gravedad del acoso cibernético ha hecho que varios estados busquen una legislación para penalizar esta actividad.

Ocultarse detrás de la tecnología
Existen dos grandes diferencias entre el acoso en la escuela y el acoso cibernético. En primer lugar, los acosadores cibernéticos cuentan con tecnología para difundir sus mensajes ofensivos a muchas personas rápidamente. Por ejemplo, una fotografía humillante tomada con un teléfono celular puede enviarse a docenas de compañeros en minutos. En segundo lugar, los teléfonos celulares, los equipos e Internet, tienden a ocultar la identidad del acosador, lo que los anima a cometer acciones aún más osadas y crueles.

¿Víctima o acosador?
Es nuestra responsabilidad como padres asegurarnos de que nuestros hijos no sean víctimas ni acosadores. Tenemos que hablar con nuestros hijos y asegurarnos de que conozcan "la regla de oro" y comprendan también cómo se aplica al uso del teléfono celular y el equipo. Tenemos que controlar cómo nuestros hijos usan la tecnología. Pedirles ver los correos electrónicos que envían y reciben. Si se unen a sitios web de redes sociales, pídales ver algún perfil o la página web que crearon. Usted sabrá si son víctimas o acosadores. Además, si su hijo parece estar triste o enojado después de usar el teléfono celular o el equipo, pregúntele qué le sucede. Una pregunta puede revelar si su hijo es víctima de un acosador cibernético.

Si su hijo es víctima.
Documente el acoso y desenmascare al acosador. Si el acoso sucede en la escuela, comuníqueselo a los maestros de su hijo y a las autoridades de la escuela. De ser posible, hable con los padres del acosador y ofrézcales ver el material ofensivo. Si el acoso parece ser más serio y contiene amenazas o adultos depravados, comuníqueselo a la policía.

Tenemos la obligación.
Como mencioné al comienzo de esta columna, los niños de hoy en día cuentan con tecnología y ventajas de comunicación. Nuestra tarea es asegurarnos de que la usen de manera sensata y sin temores.